Mario Arturo Acosta Chaparro (II)


Mario Arturo Acosta Chaparro se graduó como subteniente de infantería en 1962 en el Colegio Militar. En 1968 participó en el Primer Batallón de la Policía Militar y fue ascendido a capitán segundo. Un periodista informa: “De marzo de 1969 al 15 de julio de 1970 estuvo adscrito al Segundo Batallón de Policía Militar dependiente del Estado Mayor de la Defensa. Fue en esa adscripción donde realizó los cursos de paracaidista y de fuerzas especiales, entre el 28 de febrero y el 26 de junio de 1970, en Fort Benning, Georgia, y en Fort Bragg, Carolina del Norte, respectivamente”. (Juan Veledíaz, “Al servicio de la represión”, en Proceso, núm. 1353, 6-X-02, p. 10).

Otro comunicador, apunta: “Las acciones militares en el estado de Guerrero durante la guerra sucia presuntamente fueron dirigidas en su mayoría, por Acosta Chaparro. Los ejemplos abundan”. (Miguel Cabildo, “La justicia militar se adelanta”, en Proceso, núm. 1353, 6-X-02, p. 13).

En una carta del soldado del 19 Batallón de Infantería, Benito Tafolla Barrón, a sus hermanos Gabino y Francisco, les narra: “…Me ha tocado ver, porque participé cuando rodeamos a Lucio Cabañas y a su gente, y murieron muchos, y a los que agarramos vivos fueron varios, a mí me tocó subirlos a un helicóptero, amarrados de pies y manos, y atados a dos barras de fierro e irlos a tirar al mar, y entre ellos iban dos muchachas”. (Gloria Leticia Díaz, “El suicidio de Lucio: ‘No les voy a dar el gusto…'”, en Proceso, núm. 1355, 20-X-02, p. 9).

La misma periodista expone el trato dado a los detenidos de la guerrilla: “De ahí, pocos de los detenidos saldrán vivos. Los sientan en sillas de madera o en bancos de metal. Sus captores les dicen que se tranquilicen, que todo ha acabado y que en ese momento se les tomará ‘la foto del recuerdo’. Por atrás, a la altura de la nuca, una pistola calibre .380 está a punto de acabar con su vida. Por lo menos en 200 ocasiones fue Acosta Chaparro, por instrucciones de Quirós, el que jalaba el gatillo de ‘la espada justiciera’.

“Los cadáveres eran depositados en bolsas de lona, rellenos de piedras, y subidos a un avión tipo Arava, matrícula 2005, del entonces escuadrón 301.

“Iluminado por antorchas colocadas en la pista, el Arava despegaba sin luces y se dirigía a ‘las costas oaxaqueñas’ para tirar su ‘carga’: unos 12 cuerpos en cada vuelo. En ocasiones, la operación era filmada por militares…” (Gloria Leticia Díaz, “La ‘foto del recuerdo’ y al mar”, en Proceso, núm. 1356, 27-X-02, p. 13).

En cuanto a los vínculos con el narcotráfico, otro comunicador expone: “Lo cierto es que, desde 1997, la inteligencia militar tenía informes sobre los nexos de Quirós Hermosillo, Acosta Chaparro y Javier García Morales –hijo de Javier García Paniagua, ya fallecido y que fue director de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS) y jefe de la policía capitalina– con Amado Carrillo”. (Raúl Monge, “Los generales Acosta y Quirós, sólo dos ramas de la narcomilicia”, en Proceso, núm. 1244, 3-IX-00, p. 13).

“Cierto o no, el nombre de Acosta Chaparro aparecía por todas partes. Por ejemplo, un mes después del asesinato del periodista Buendía, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal reveló que se investigaba a personal que laboraba bajo las órdenes de Acosta Chaparro.

“Se sabía que Rubén Figueroa había amenazado a Buendía y que Acosta Chaparro era su brazo ejecutor…” (Miguel Cabildo, “Las andanzas de Acosta Chaparro: de contrainsurgente a presunto narco”, en Proceso, núm. 1244, 3-IX-00, p. 15).

Acosta Chaparro fue uno de los mandamases de la Brigada Blanca, grupo paramilitar creado para combatir y destruir a las organizaciones guerrilleras en las décadas de los años 70 y 80 del siglo XX, banda que se ganó a pulso su fama de violadora sistemática de la Constitución General de la República, las leyes que de ella emanan y los derechos humanos. Este afamado represor militar tuvo una destacada intervención en la organización, planeación y desarrollo de la contrainsurgencia aplicada durante los sexenios de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, en especial en el estado de Guerrero. En la administración de Carlos Salinas de Gortari, fue parte activa de la Coordinación de Seguridad Nacional, bajo la jefatura de Arsenio Farell Cubillas.

En otro texto, el autor de estas líneas escribía: “En el hecho desgraciado que costó la vida a 17 militantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, los campesinos reprimidos, las fuerzas democráticas de oposición y muchos periodistas señalaron y señalan que tuvo directa participación el general brigadier Mario Arturo Acosta Chaparro Escápite, quien asistió el 26 de junio al palacio de gobierno de Chilpancingo para difundir la versión de que los secuestradores de Alfredo Harp Helú fueron guerrilleros del estado y que existía un ‘triángulo’ de la guerrilla en la Costa Grande representado por Atoyac, Coyuca de Benítez y Tepetixtla. Una militante del PRD, Virginia Galeana García, que llegó minutos después de la masacre informó haber visto en el lugar a este conocido militar represor y asesor del gobernador guerrerense; además, este individuo volvió a reunirse con Figueroa en esa fecha”. (Gerardo Peláez Ramos, “Guerrero 1995: la matanza de Aguas Blancas”, en La Haine, Apia virtual, ABP Noticias y otros portales).

Tomado de: http://www.rebanadasderealidad.com.ar/

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