JAVIER Y FELIPE


Adaptación hecha a la novela “El Bautista” de Javier Sicilia.

XIII.
Javier no se inmutó. Lo miró a los ojos sin parpadear y dijo:
– Eres celoso, Felipe, pero teme a tu celo porque te vela los ojos. Yo he pecado, Felipe y lo reconozco. .Pero tú, ¿De que justicia me hablas mostrándome tu sicari? ¿Te sientes más justo que yo o mas puro que los otros? Muy bien, degüéllame. Pero antes respóndeme ya que hablas de justicia: alguien blasfema y le cortan la lengua; otro mata y es conducido al patíbulo; que proporción encuentras entre una cosa y la otra? ¿Cómo se puede calcular eso? ¿Cómo un crimen puede reparar otro?
Felipe, acostumbrado a matar en nombre de una verdad sobre la que nunca se había cuestionado, no supo que responder.
– ¡Respóndeme! –gritó Javier – Estoy harto de ver y oír sobre esa justicia…No me respondes, muy bien, lo haré por ti. El mal que se paga con el mal lo duplica y el crimen que se paga con otro aumenta su proporción. ¿Es esa tu justicia, Felipe? ¿Es esa la justicia que esperas? ¿Qué bien encuentras en ella?…Hay en ella …una mezcla de avaricia, de sangre y de cálculo mezquino. – Javier empezó a atenuar su tono de voz- No, Felipe, …..Podrás matar a muchos malhechores, pero mientras sobreviva el mal, siempre habrá un malhechor que ocupe su sitio. Tu mismo, Felipe, eres uno de ellos.

XXIX.
Una mañana, en el limite de su silencio y su ascesis, vio descender del cielo un ángel envuelto en una nube y sintió miedo….Entonces Javier vio bajo sus pies las calles y los templos de la Capital arrasados y a sí mismo ….cabalgando al frente de un ejercito. La columna avanzaba hacia el Oriente sin reparar en nada.
Repentinamente, un hombre con las ropas desgarradas y lleno de heridas salió al encuentro de la columna. Javier sacó su pistola para dispararle cuando reconoció en aquel hombre a Felipe Sicario.
Javier se volvió hacia la columna para pedir una cabalgadura, cuando Felipe lo interrumpió:
– Te desconozco, Javier.
– ¿Qué te sucede? ¿Te has reblandecido?
– No, pero he visto el dolor de la guerra y me pregunto si realmente la gloria del Presidente valía tanta miseria.
– Yo también veo la miseria ¿Y que? ¿Qué importancia tiene el dolor del hombre con el esplendor del líder? El mundo, Felipe, no se construyó en un día ¿Y que son esta ruina y unos cuantos despojos humanos, junto a la gloria que a todos nos espera? Yo estaba equivocado.
– Tienes razón, ponerse en paz es una tontería, pero la violencia que se necesita ¿es esta? Respóndeme ahora tú las mismas preguntas que hace tiempo me hiciste. ¿Que proporción encuentras entre el crimen del justo y el del malvado? ¿Cómo se puede calcular la bondad y la maldad de un crimen? ¿Cuánto suman dos sicaris mas siete puñales? …… dos por dos no son cuatro cuando las unidades matemáticas son seres humanos y leyes de vida.
– Si quieres saber mi opinión – respondió Javier- Piensa además un momento a donde nos habría llevado esa filosofía nebulosa. Si nos hubiésemos aferrado al precepto de que el individuo es sagrado y de que no se debe tratar a las vidas humanas como proporciones matemáticas, donde quedaría la justicia y donde la Ley. Dos por dos son cuatro, así ha sido y así será siempre.

Felipe movió la cabeza con desesperación.
– Javier, ¿Qué sabes de los caminos y de la justicia?
– Se todo, pues vengo de ser ungido por el Ángel.

Javier no aguantó mas y desenvainando la espada lo degolló.
Javier la contempló y su cólera se transformó en terror al ver que aquella cabeza no era la de Felipe sino la suya.
Volvió el rostro en busca del Ángel, pero solo pudo ver la desolación del desierto. Bajo la vastedad bañada por la luna, Javier solo escuchaba el golpe de la sangre sobre sus sienes y el fuelle desacompasado de su respiración.

XXX.
Entonces el Ángel volvió a arrebatarlo en medio de la nube y Javier se vio llegando a Michoacán.
Su padre, con las manos temblorosas por la cólera, se desgarró las vestiduras en señal de que Javier había muerto para él y con dolor exclamó:
– Me avergüenzo de ti, Javier, tus palabras no honran ni a tu casa ni a Dios.
Javier soltó una carcajada.

– No me importa lo que pienses. Yo solo me honro en la elección que el Pueblo hizo de mi persona.
Y diciendo esto bajó de su silla presidencial, se hizo paso entre la muchedumbre y se paseó orgullosamente por las calles.

XXXI.

Entonces Javier se vio subir al Monte del Tzinacantécatl, donde solía orar durante su adolescencia. La noche era tan clara que podía ver la sombra de las hojas sobre la tierra.
Entonces el Ángel volvió a arrebatarlo en medio de la nube y Javier escuchó una voz como de trueno que decía:
– Un sabio es aquel que vive en desapego perfecto, en la virtud que nada puede conmover y en el coraje que no retrocede ante la muerte. …… ¿Cual no ha de ser su extravío al ver que sus ojos, sus manos, sus pies, sus labios, su corazón, su cuerpo entero, son como el cuerpo de un hombre sobre el que se han reunido todos los crímenes de la humanidad? ¿Son sus manos hasta ese momento inocentes, pero ahora rojas por miles de actos bárbaros y sanguinarios? ¿Son sus labios los labios que ya no pronunciarán plegarias ni alabanzas, ni acciones de gracias y están inundados de juramentos y condenaciones y blasfemias? ¿Son esos los ojos profanados por las visiones ególatras en pos de las cuales se cometen los mas espantosos crímenes? En sus oídos resuena el fragor de las fiestas y el odio de las guerras; su corazón esta congelado por la avaricia y la crueldad; …y mientras él, el inocente absoluto sufre, los malvados y los culpables intrigan y avanzan en la noche con espadas y garrotes y tú, el elegido. El precursor, el elegido del pueblo , te has armado y caminas junto a ellos.

El corazón de Javier dió por tercera vez un vuelco y no vió más que el desierto suspendido que lo devoraba.

XLVI.
Felipe clavó la vista en la de Tomás y gritó:
– Yo os voy a enseñar qué es el sacrificio: si te pegan una bofetada rompe una mandíbula. Así el sacrificio tiene un sentido. Hay que desollar a la humanidad para que eche piel nueva y eso no se consigue sacrificándose como un corderillo, sino luchando.
Tomás volvió a hablar:
– ¿Tú crees que si nos imponemos a los otros sicarios por la fuerza vamos a ser mejores que ellos? Para dominarlos tendríamos que desplegar una violencia mayor que la suya ¿y no crees entonces que nuestra justicia seria más cruel? La justicia de los otros sicarios es tan buena que para zanjar una diferencia de opinión no conocen otro argumento que la muerte y la tortura. Nuestro pueblo vive con la amenaza constante de que una puesta en entredicho de la autoridad puede costarle una crucifixión. Imagínate entonces Felipe cual seria nuestra justicia y nuestra salvación si los superamos en crueldad para vencerlos. Los otros sicarios llaman también a su justicia desollar a sus enemigos. A mi me parece que de ese desollamiento no va a surgir ninguna nueva piel, sino una llaga purulenta que nunca terminará de cicatrizar. Los imperios y los gobiernos desollan a sus víctimas dejándolas en pie, con los tejidos, músculos y nervios al descubierto. Esa, no es la justicia que Javier predica.

– Bueno -dijo Felipe exasperado- ¿Y que con eso? Además, con toda esta discusión ya no sé realmente quien es Javier, y creo que vosotros tampoco.

Los seguidores de Javier se sumieron en el silencio. Estaban cansados y no querían prolongar aquella discusión. Felipe levantó los ojos. El cielo se iba coloreando de un amarillo verdoso. El día estaba por llegar y el frío aumentaba preludiando un gran calor.

XLVII
Javier hizo un largo silencio y hablo:
– ¿Continuas pensando que no hay otra justicia que la del sicari?

Felipe se estremeció.
– Realmente eres extraño. No , tu no eres sino un loco. La misión de nosotros es hacer lo que mas nos repugna: tenemos que matar para que desaparezcan los asesinos; tenemos que sacrificar para evitar futuros sacrificios y que apalear a nuestra gente para que aprendan a no dejarse apalear; tenemos que desprendernos de toda clase de buenos sentimientos y tendremos que arrastrar el odio de la humanidad por amor a ella.

Javier, sin embargo, lo miraba impasible, mientras sus discípulos permanecían boquiabiertos. Guardo un largo silencio sin apartar la mirada de la de Felipe y luego, con calma, comenzó a hablar:
– Pobre Felipe, en verdad me das pena. Te digo que crees entender, pero la soberbia te posee y te vuelve sordo. Tantos años que la violencia azota al mundo a causa de pensamientos como el tuyo sin que el mundo se mejore un ápice. Y ¿Crees acaso que los otros sicarios piensan mu diferente a ti? Ellos también se creen poseedores de la verdad y nada es menos verdadero que lo que niega la vida de un semejante. Cuando en el nombre de Dios se justifica un crimen Dios ha dejado de estar ahí.

– Sueños de ayunante – gritó Felipe- estupideces de mujeruca. Hay que emplear la violencia, el fuego. Yo creo en ese fuego que es violencia. Fuego y cenizas, cenizas y fuego, la guerra, Javier, entiendes, la guerra.

Javier volvió a tomar la palabra:

– No te adelantes, Felipe, no sea que tomes la senda equivocada. Y yo te digo, Felipe que tú estas enfermo como ellos y tendrás que enderezarte. Mientras no des la vuelta a todo tu ser no comprenderás nada. Es mejor entonces que sigas a tus sicarios y termines tú, también bañado en sangre. Tu eres de los que no darán fruto y serás barrido por el fuego, por el fuego de tu propia cólera. Lo que nació de la sangre vuelve a la sangre; lo que surgió de la espada, con la espada perece. …..Para el hombre que odia, su odio es su propia trampa. Yo y mis amigos hemos venido a callar, a orar, a escuchar y a esperar. Si tu no has venido a eso puedes irte, estoy cansado.

Javier miraba ahora a Felipe con una mirada delgada y punzante como una aguja. Hubiera querido decirle algo más, hendirle el corazón y la conciencia como el hacha hiende la corteza del árbol.
Felipe lo miraba. Sus ojos llameaban como brasas bajo el viento. Quería irse, pero algo, que no sabía como llamar, lo mantenía atado a ese Javier, fragmento del desierto.
– Vete, Felipe – volvió a repetir Javier- no tienes nada que hacer entre nosotros. Nos hemos dicho todo lo que teníamos que decirnos. No esperes nada más de mí ni de estos. No tenemos intereses personales que defender, pues estamos desposeídos, no esperamos nada de los hombres ni del honor que persigues.
Se levantó y se internó en las sombras. Felipe, silencioso, en medio de los discípulos, se levantó a su vez y desapareció.

Mientras tanto: Teléfonos de Denuncia Anónima de la Secretaria de la Defensa Nacional en la Ciudad y Puerto de Veracruz, (229) 9239361 y (229) 922-9680 . Totalmente confidencial y seguro. Aun así, por tu propia seguridad: Llama anónimamente y desde un teléfono público. Y después de que cuelgues, marca cualquier otro teléfono, quizas un 030, ó 040, ó 071, para que la opción de “rediscado” no guarde el teléfono de denuncia anónima y nadie sepa a quien llamaste realmente.

Acerca de SegundaRegeneracion

Hemos nacido de una convicción dolorosa. Auto-exiliados del país. No tenemos nada que ver con el remedo "regeneracion" de un partido conflictivo en si mismo; remedo insultante a la memoria del Autentico Regeneracion, Periòdico Independiente de Combate. (In memoriam: Miembro de La Poetambre. (El último miembro( ) ) Jarochos por excelencia.
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